Rosario Guillermo
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La Coatlicue en Dinamarca

The Internacional Museum of Ceramic Art de Dinamarca a través del Internacional Ceramic Research Center realizó en el año 2003 el simposio la “Escultura y su relación con la Arquitectura”. Los puntos expuestos esa convocatoria coincidía con los proyectos que desde hacía tiempo venía depositando sobre diferentes escritorios de arquitectos, urbanistas, gobiernos de los estados, sin respuesta alguna.

Hacía tiempo que me ocupaba la temática de las vírgenes, de las diosas. A Coatlicue, objeto especial de mi interés, decidí dedicarle un homenaje especial. Envié mi propuesta de una Coatlicue de 5 metros de altura depurada en su concepto. Coatlicue, que representa una cantidad variada, abigarrada de significados complejos y contrapuestos, me llevó a hacer una síntesis representativa muy simplificada.

En Coatlicue cada parte del cuerpo es un cúmulo de signos y significados. Ninguno de estos elementos tiene origen en el azar ni en lo decorativo. Una persona del siglo XXI no puede apropiarse de un símbolo del siglo XV-XVI y reinterpretarlo sin pasarlo inevitablemente al terreno de la desacralización. Rescaté los elementos por su calidad estética, por su belleza plástica, porque son elementos que se relacionan con mi estética personal con los elementos recurrentes en mi propia obra.

Coatlicue, que representa el ritmo vital de la vida humana Azteca, en la dinámica Vida-Muerte asociada a la guerra, es monumentalmente masiva, monolítica, casi cuadrada. La mía sería alta, larga, ligera. En mi versión, la base de la escultura representa unas hermosas garras que la relacionan con Huitzilopochtli Dios de la guerra, y al mismo tiempo son garras de águila por la referencia al dios solar que era representado como el águila que cada dia cae y muere en una muerte que en realidad es transformación, porque con esta condición pasa a alumbrar el Mictlán, el mundo de los muertos.

En mi versión, hay a lo largo de todo su cuerpo 15 pares de pechos flácidos porque ella, que es la Diosa Madre, la fertilidad, ha amamantado al sol, a la luna, a las estrellas, a todos los Dioses, a los hijos de los hombres y a todo lo viviente sobre la tierra. Arriba, debajo de la “cabeza” lleva un collar de manos y corazones: La guerra se hace con las manos y de ella se obtienen los corazones y la sangre, el vital líquido alimento de los Dioses. El remate de la pieza es la unión, frente a frente, de 2 cabezas de serpiente (como en la coatlicue original) que al unirse forman una cabeza con una sola cara. Se trata del principio creador masculino y femenino, Ometecuhtli y Omecíhuatl, origen de la generación, padres de los cuatro dioses de los puntos cardinales, del mundo y de los hombres, generadores de la vida y el sustento.

Así, cada elemento simbólico halla su función estética dentro de un conjunto representativo. Los elementos aparentemente “exóticos” dejarán de serlo cuando el espectador se adentre en el conocimiento de los contenidos de su representatividad, mientras tanto cumplen con la función visual, estética.

Mi proyecto fue aceptado. Junto con otras 6 propuestas de mis colegas Sebastián Blackie de Inglaterra, Neil Forrest de Canadá, Robert Harrison de USA, Nina Hole de Dinamarca, Richard Launder y Ulla Viotti de Noruega, realizamos las esculturas con las que se inauguraría el nuevo parque escultórico de Skaelskor en Dinamarca.

En el 2003, durante Julio y parte de Agosto realicé en Skaelskor, en los talleres del Ceramic Research Center, mi proyecto. A mediados de Agosto de 2003 el alcalde de Skaelskor inauguró el nuevo parque escultórico y mi Coatlicue se quedó a vivir para siempre en Dinamarca.